¿Qué es el proceso masónico?

Si no piensas como yo, hermano mío, lejos de ofenderme me enriqueces”. Con esta frase inspirada en Saint-Exupéry (Carta a un rehén, 1943), que no era francmasón, se acoge al visitante en los locales del Gran Oriente de Francia, en el número 16 de la calle Cadet en París.

Y este es exactamente el sentido del espíritu masónico. Enriquecerse con el otro, con su diferencia, es la ruta que lleva al conocimiento, sin ingenuidad ni complacencia.

Llegar a ser francmasón del Gran Oriente de Francia es fruto de una opción personal tomada tras una reflexión madura. Los rituales, mitos y símbolos de la francmasonería no tienen nada de anticuado: constituyen, en nuestra sociedad mecanicista y desencantada, la última manifestación de querer dar sentido al mundo y a la vida, en un marco donde la libertad absoluta de conciencia es esencial.

Los francmasones del Gran Oriente de Francia son también incansables defensores del ideal republicano. Han adoptado su divisa: Libertad-Igualdad-Fraternidad, sin olvidar su corolario, la Laicidad.

La logia es lugar para la reflexión, cuestionamiento y debates; en ella, la mezcla de generaciones y la diversidad social, espiritual y política crean una alquimia única en permanente efervescencia.

“Aprender de uno mismo y aprender del otro y de su diferencia, con un ideal colectivo republicano”.