¿Para qué ser francmasón?

En el artículo primero de su Constitución, el Gran Oriente de Francia afirma:

La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresiva, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad […] La Francmasonería tiene como principios la tolerancia mutua, el respeto a los otros y a uno mismo y la libertad absoluta de conciencia. Considerando que las concepciones metafísicas son del dominio exclusivo de la apreciación individual de sus miembros, rechaza toda afirmación dogmática. Concede una importancia fundamental a la laicidad […]

¡Esto es todo!

 

La iniciación

La francmasonería presenta una dimensión única en el mundo occidental: la iniciación.

Iniciarse es entrar en una fraternidad y es también comprometerse en un camino de progresión personal merced a un ritual y unos símbolos. Por la utilización de estas “herramientas” comienza el nuevo iniciado su trabajo masónico, que es esencialmente “trabajo sobre sí mismo” en la más total libertad de conciencia.

A veces se oye hablar de “método masónico”: es el trabajo que hacemos en logia, siempre inacabado, que se va completando con la búsqueda individual que es lo propio del masón. La luz que busca cada masón (entendiendo “luz” en el sentido que se le daba en el siglo XVIII) ilumina su camino y disipa los condicionamientos del estatus social: iniciación y práctica del ritual contribuyen, de este modo, a la emancipación de los individuos.

“La francmasonería trabaja por la mejora material y moral, por el perfeccionamiento intelectual y social de la Humanidad”.