Más Luz

¡Más Luz!

 Licht, mehr Licht! pidió Fausto. ¡Luz, más Luz!

     Bien puede concentrar este grito las ansias de toda la Humanidad, en demasiadas ocasiones enceguecida por la propia incapacidad de ver, aun cuando esté mirando. Cegados por nuestras propias guerras internas, por los afanes de poder y dinero –los dioses olvidados-, que nos conducen a explotar, oprimir, vejar a nuestros semejantes y –es ley de vida- a nosotros mismos.

     ¿Qué es la masonería? Es búsqueda de más luz, de Luz con mayúsculas. Las personas no nos conformamos con pequeñas luces, ansiamos la Gran Luz, como se le llama en la Iniciación en Rito Francés. Necesitamos esa Luz que nos haga descubrir el rostro del otro, de la otra, de los otros. Que nos haga vislumbrar, desde el interior, nuestro propio rostro, oscurecido y empañado por nuestros desenfoques.

    ¡Luz, más Luz! Queremos ver, porque no nos basta con mirar, lo que es otra modalidad de ceguera. Ver es descubrir, a través de los velos que la realidad deja caer sobre personas y cosas, a través del prejuicio, la verdadera faz, la auténtica realidad de esas personas, de esas cosas.

    Esto es masonería: recibir Luz y despedir Luz. Masonería es resplandor, es explosión de colores iridiscentes, explosión y cromatismo del ser. Masonería es brillar. Ser masones es acoger la Luz y resplandecer con ella, colgando antorchas en los muros de la noche para que nuestras hermanas y hermanos –de Oriente y de Occidente- puedan, a su vez, servirse de ella para caminar y ver, haciendo nuestro el lema del Gran Oriente de Francia, que es el de Tartessos, nuestro Taller: Unus ómnibus, uno para todos.