Frédéric Desmons, clérigo francmasón del GODF

Frédéric Desmons, nacido el 14 de octubre de 1832 en Brignon y muerto el 4 de enero de 1910 en París; pastor de la Iglesia Reformada de Francia, iniciado Francmasón el 18 de enero de 1863 en la Logia L´Echo, del Gran Oriente de Francia, Oriente de Nimes. Miembro del Consejo de la Orden desde 1873, ya en el Convent de 1865 había presentado una proposición ciertamente pionera que reclamaba la Iniciación de mujeres en el seno de la Obediencia. Obtuvo una sonora derrota, mas sembró la semilla de un ideal que se hizo realidad en el Convent de 2010 en Vichy, cuando una mayoría de Delegados votamos a favor. Desmons había triunfado.

Pero fue en el Convent de 1877 donde Frédéric Desmons imprimió el gran cambio de rumbo a la Francmasonería universal, abriendo sus Talleres a quienes, siendo ateos o agnósticos, pugnaban por llamar a nuestras puertas para trabajar masónicamente. El estandarte del Gran Oriente de Francia, la libertad absoluta de conciencia, encontró su paladín en este héroe de la laicidad de combate. Esta es su historia sucinta.

Porque combatir era necesario: en 1849, en un difícil contexto europeo en el que, por presiones de múltiples instancias clericales y conservadoras, el Convent del GODF de ese año decide incluir la fe en Dios y la inmortalidad del alma como condiciones para ser recibido Francmasón; quedando, por tanto, excluidos de nuestra antigua cofradía ateos, agnósticos o naturalistas.

Presidente de la comisión encargada de revisar el artículo primero de la Constitución en 1877, Desmons pronunciará en la asamblea el discurso final al que debemos muchos nuestra pertenencia a la Orden. Una alocución sustentada en tres pilares fundamentales, asentados por el ponente:

  1. Sabían a qué se estaban arriesgando: “si se suprime actualmente este artículo de la Constitución, van a separar al Gran Oriente de Francia de todas las potencias masónicas del mundo. Van a aislarlo del seno de la Masonería universal”.

  2. No habiéndose inscrito sino muy recientemente la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma en el frontispicio de nuestra Constitución, lo que se disponían a proponer y ejecutar no era una traición a la tradición masónica, sino un retorno a las fuentes de la misma.

  3. No pretenden sustituir la formulación reciente de 1849 por otra materialista y atea, sino hacer que la Francmasonería se sitúe más allá de todos los cultos y religiones, sin dogma que llegue a enturbiar la límpida superficie del Conocimiento.

Desmons, en el Convent 1877, esgrime las siguientes razones para suprimir la fórmula de 1849:

Porque esta fórmula nos parece haber provocado a menudo varios apuros a los Venerables y a varias Logias, los cuales están en ciertas circunstancias obligados, o bien a eludir la ley o bien a violarla. Ahora bien, la Masonería ¿no debe dar siempre ejemplo de observancia o de respeto de la ley?

Porque, comprometedora para los Venerables y las Logias, no lo es menos para muchos profanos que, animados del sincero deseo de formar parte de nuestra grande y bella institución, que se les ha descrito como una institución amplia y progresiva, se vean de repente detenidos por esta barrera dogmática que sus conciencias no les permiten salvar.

Porque nos parece totalmente inútil y extraña a la Masonería”.

De este modo, concluye Desmons su discurso final:

Dejemos que los teólogos se ocupen de discutir los dogmas. Dejemos que las Iglesias autoritarias se encarguen de formular sus syllabus. Pero que la Masonería continúe siendo lo que debe ser, es decir una institución abierta a todos los progresos, a todas las ideas morales y elevadas, a todas las aspiraciones generosas y liberales. Que no baje a la arena ardiente de los debates teológicos, que nunca aportaron más que confusiones y persecuciones. ¡Que se guarde de querer ser una Iglesia, un Concilio, un Sínodo! Pues todas las Iglesias, todos los Concilios y todos los Sínodos han sido violentos y perseguidores, y esto por haber querido basarse siempre en el dogma, que, por su propia naturaleza, es esencialmente inquisidor e intolerante.

Que la Masonería planee, pues, majestuosamente por encima de todas estas cuestiones de Iglesias o de sectas; que domine con toda su altura todas sus discusiones; que continúe siendo el vasto abrigo siempre abierto a todos los espíritus generosos y valerosos, a todos los buscadores concienzudos y desinteresados de la verdad, a todas las víctimas, en fin, del despotismo y de la intolerancia”.

El Convent 1877, “considerando que la Francmasonería no es una religión y que, por consiguiente, no tiene que afirmar en su Constitución doctrinas ni dogmas”, aprueba el voto nº IX. Triunfa la libertad absoluta de conciencia.

Frédéric Desmons sería, después, elegido Presidente del Consejo de la Orden del GODF (Gran Maestro), en cinco ocasiones, hasta su muerte en 1910.