Entre el mallete y la espada

        Ni es ir a misa de doce, ni es liarse a tiros. Aunque nos reunimos siguiendo un guión ritual. Y aunque la construcción del Templo de la Humanidad conlleva, efectivamente, luchas, combates, bregas y refriegas.

      Acudir a una Tenida (reunión de los miembros de la Logia) no es, tampoco, ir a una conferencia o debate en un ateneo. Ni enrolarse en una ONG que luche por los derechos humanos. Eso se puede hacer, legítimamente, también fuera del Templo masónico, fuera de la Masonería.

      ¿Entonces qué es la Masonería? Mejor aún: ¿qué es ser masón? ¿qué es ser masona? Es, en esencia, situarse entre el mallete (mazo) y la espada; es decir, entre el crecimiento espiritual que conlleva la iniciación masónica, y las luchas y combates, bregas y refriegas que son su consecuencia. Si el trabajo de nuestra Logia se lleva a cabo y se vive de forma disciplinada (pautada por el mallete) y según nuestros usos y costumbres iniciáticos, cuando termina nuestra reunión empieza la tarea constructora, incluso combativa, de los francmasones. Es entonces cuando cobran sentido masónico nuestros afanes y desvelos en lo demás: ateneos, ONGs, grupos ciudadanos…

      Moriría en nosotros –y con nosotros- la Masonería si nos encerrásemos exclusivamente en la belleza del ritual: no seríamos masones.

    Moriría en nosotros y con nosotros la Masonería si, dejando de lado la intensa y esencial belleza espiritual de nuestros rituales, nos aferráramos al sentido “práctico” de cualquier lucha o transformación de nuestro entorno.

  Queremos ser, y somos, masones. Por eso los cimientos de nuestro Trabajo son: Sabiduría, Fuerza y Belleza.”