Contra el integrismo, educación y libertad

El fanatismo no comienza cuando explota la bomba sino cuando el pensamiento se congela, se hace único, se dogmatiza y se constituye en verdad a ultranza. Esta es la verdadera bomba.

Pilato preguntó al nazareno: ¿Qué es la verdad? No podemos dejar de hacernos esta pregunta en una orden, la francmasonería, hija de las Luces, heredera de la búsqueda de verdad.

Lo dijo Pio Baroja: “Dejemos las conclusiones para los idiotas”. El integrismo, la idiotez, nace de algo tan simple y cómodo como una conclusión. Puede ser una conclusión aparentemente pacífica o beneficiosa para el desarrollo de la humanidad, pero en el fondo no es más que un aletargamiento en la evolución natural de la razón. Un rechazo a la duda, que es motor verdadero del conocimiento. Cuando nos aferramos a una idea o creencia, erigimos en torno a nuestra percepción un muro de juicios categóricos sobre el que desdeñamos la opinión ajena. Desde fuera parece un muro inexpugnable, pero con un soplo de duda bastaría para echarlo por tierra. En esa falsa sensación de seguridad parapetamos nuestro intelecto, sin atrevernos a comprobar lo dañina que es la cerrazón para nuestra salud mental, y la amenaza que podría suponer, incluso para la integridad física de nuestros semejantes.

Esto nos lleva a la siguiente cuestión: ¿toda ideología es potencialmente peligrosa si se considera en poder de la razón? No hay duda de que el inmovilismo dogmático que impera en los credos religiosos y filosofías políticas puede llevar a una confrontación entre individuos, partidos o Estados. Por el contrario, el laicismo defiende la opinión libre, el librepensamiento y un respeto mutuo a salvo de injerencias pretendidamente ortodoxas.

Los integrismos rechazan todo lo que es apertura, todo lo que permite discusión y duda. Todo lo que permite libertad individual de pensar y interpretar. Y ¿por qué? Porque un hombre libre y que piensa elige a su señor, si él quiere uno, y cuando acepta autoridad es por su decisión. Esto no gusta a quien quiere poder.

Además de la búsqueda de dominación, el integrismo es peligroso por otro motivo: la base de su propaganda es el miedo, la subordinación, la desigualdad, la exclusión del otro, la creación y la creación de un enemigo que desesperadamente necesita para ser, para existir. Así atraen a extremistas y fanáticos y una vez congelado el pensamiento… explota la bomba.

El integrismo se modera y combate a través de la educación y la libertad. Parte de esta libertad es que el Estado no debe favorecer un pensamiento por encima de otro, es separar el poder de la intimidad y la privacidad de sus propias creencias. Así cada uno tendrá libertad para pensar, dudar, criticar y compartir libremente sin usurpar espacio al otro y sin discriminarlo. En Estado…laico. Laico no porque rechace la religión, sino laico porque permite todos los pensamientos y creencias protegiéndolos de esos otros pensamientos que discriminan, odian, insultan y que tienen sed de sangre y poder.