Breve reseña histórica: el GODF en España

¿Gran Oriente de Francia… en España?, habrá quien se pregunte, picado por una curiosidad por lo demás legítima. Aquí entran en juego lógicas consideraciones geográficas, nacionales, históricas… en verdad más profanas que masónicas; puesto que, una vez iniciado, “ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre”…

Gran Oriente de Francia es, podríamos decir, la marca histórica de una Obediencia masónica universal y universalista. Una federación con un pasado más que interesante en la España decimonónica, en la que -napoleónicas o no- se crearon en nuestro país más de diecisiete talleres (logias) del GODF:

  • Los Hermanos unidos”: San Sebastián, 1809

  • Santa Josefina de los Hermanos reunidos”: Talavera de la Reina, 1809

  • Los amigos fieles de Napoleón”: Barcelona, 1809

  • La feliz reunión”: Barcelona, 1809

  • El triunfo de la amistad”: Barcelona, 1809

  • Napoleón”: Barcelona, 1809

  • Los amigos reunidos de San José”: Vitoria, 1810

  • Los amigos del honor y de la verdad”: Madrid, 1810

  • Los amigos de la caridad”: Santander, 1811

  • Los amigos reunidos de la victoria”: Salamanca, 1811

  • Napoleón el grande”: Gerona, 1811

  • Los amigos de la reunión”: Figueras, 1812

  • El Gibraltar francés”: Santoña, 1812

  • Los amigos del honor”: Sevilla, 1812

  • San Juan de la unión sincera”: Zaragoza, 1813

Tras un parón de más de cien años, en 2000 continúa la historia del GODF en nuestra tierra, con la creación de los siguientes talleres:

  • Blasco Ibáñez: Valencia, 2000

  • Constante Alona: Alicante, 2002

  • Luz Atlántica: Las Palmas de Gran Canaria, 2003

  • Wolfgang Amadeus Mozart: Madrid, 2004

  • Rosario de Acuña: Gijón, 2004

  • Siete de abril: Madrid, 2006

  • Heracles: Estepona, 2007

  • Luz de Levante: Murcia, 2008

  • Barcelona Mare Nostrum: Barcelona, 2009

  • Tartessos: Sevilla, 2010

  • Pitágoras: Málaga, 2013

  • Antonio Machado: Marchena, 2014

Así pues, Gran Oriente de Francia, sí, en España. Que nadie se extrañe. ¿No es normal y comúnmente aceptado ser -por ejemplo- católico en nuestro país? Pues no se es católico simplemente, sino católico romano. Y nadie se espanta. Aunque no vivan en Roma.

Así pues, sigue adelante, presente y palpitante, esta luminosa historia.